PARAÍSOS FISCALES Y EL INFIERNO FISCAL DE VENEZUELA

La Unión Europea decidió volver a incluir a Panamá en su lista de paraísos fiscales, los centros financieros asociados con capitales producto de la evasión fiscal, la corrupción y el lavado de dinero. Las implicaciones negativas que esta medida traerá ya ha provocado las naturales reacciones de protesta de parte del gobierno panameño. No sé si la medida es justa o acertada, lo que sé es que está relacionada con los estándares de legalidad y calidad institucional requeridos para la administración y operatividad del sistema financiero internacional. Al respecto, Gabriel Zucman, un economista especialista en el tema de los paraísos fiscales y de los impuestos y su comportamiento a lo largo del tiempo, junto con su equipo de investigación ha estimado que la riqueza colocada en paraísos fiscales representa en promedio el 9,8% del PIB mundial; aproximadamente 842 mil millones de dólares en 2018 de un PIB mundial de 82,5 billones de dólares –a precios actuales- según datos del Banco Mundial. El problema de la riqueza oculta de forma ilegal en paraísos fiscales es más agudo en los países en desarrollo. Los Emiratos Árabes Unidos aparentemente tienen un poco más del 70% de su PIB en capitales colocados en paraísos fiscales y Venezuela un poco más de 60%, Rusia casi 50% y Argentina alrededor de 35% de su PIB [1].

En descargo de Panamá, digamos que sea o no un paraíso fiscal el país centroamericano implementó hace más de tres décadas una serie de medidas macroeconómicas y microeconómicas que le han servido para liderar el crecimiento económico en América Latina, a un ritmo de 5,9% anual en los últimos 25 años, lo cual ha significado elevar el ingreso per cápita hasta 15.575 millones de dólares -a precios actuales- en 2018, según datos del Banco Mundial, y reduciendo la tasa de pobreza de 34% en 2002 a 17% en 2016, según cifras de la Cepal. No obstante, Panamá sigue arrastrando el problema social de ser unos de los países con mayor desigualdad económica de América Latina y del mundo.

Por otra parte, por estos días ha cobrado relevancia las críticas a las inconsultas e inconstitucionales medidas tributarias que el gobierno venezolano ha decretado a comienzos de este año 2020. Se trata de una reforma tributaria dirigida especialmente a pechar las actividades económicas de las transacciones comerciales y empresariales realizadas en dólares, incluyendo el pago de deudas tributarias en esta u otra divisa extranjera. Ante el derrumbe de sus ingresos fiscales, el Estado venezolano intenta crear una vía expedita de ingresos reales, que no pierdan valor aceleradamente, como sí ocurre con la recaudación impositiva nominal debido al efecto de la hiperinflación. Las medidas se toman considerando un proceso de dolarización de la economía venezolana que es sui generis, informal y desordenado, sin que se corresponda con una política monetaria ni cambiaria transparente y consistente.

Entre las diversas críticas que se han realizado a estas medidas desde que se anunciaron están las de la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE). La ANCE sostiene en un pronunciamiento que se ha hecho público que se pretende reducir el enorme déficit fiscal con medidas espurias, manteniendo la política de financiamiento monetario del gasto público, que es la causa principal de la elevada inflación de los últimos años, convertida en hiperinflación desde octubre de 2017. Medidas tributarias como el pago del IVA a las transacciones comerciales realizadas en dólares, derivando en un gravamen doble, la reducción de los ítems de importación de bienes y servicios exonerados del pago de aranceles y el pago de multas y deudas tributarias indexadas al valor de una divisa extranjera, lucen inciertas y complicadas de aplicar. Todo ello generará probablemente una mayor evasión fiscal e incluso una disminución de la recaudación. La ANCE concluye que: “Por estas y otras razones, las pretendidas reformas sólo habrán de agravar aún más la precaria situación de la economía venezolana, profundizando la situación de hambre y miseria de inmensas mayorías.” [2].

A lo externo resulta por demás contradictorio que en un país colapsado económica y financieramente, altamente endeudado y en default, como lo es Venezuela, sus ricos y corruptos oculten su dinero en los paraísos fiscales en un monto que es casi dos tercios el tamaño de su economía. A lo interno resulta otra contradicción que el problema del enorme déficit fiscal, entre 19% y 23% del PIB según cifras del FMI, el gobierno quiera resolverlo con medidas incongruentes. Por tanto, la reducción de dicho déficit con medidas tributarias que pechan las actividades de una economía sumamente deprimida, reducida a un tercio del tamaño que tenía hace seis años, no tendrá el efecto esperado por el gobierno y antes más bien generarán mayor incertidumbre y expectativas negativas en los agentes económicos.

Comencé esta entrada mencionando el impacto económico de los paraísos fiscales y terminé exponiendo cómo Venezuela se ha convertido en un “infierno fiscal”, donde su gobierno toma medidas tributarias espurias e incongruentes para resolver un grave problema macroeconómico. Estas medidas no lograrán su cometido de cara a una supuesta recuperación económica del país con las políticas de este gobierno; metafóricamente hablando, más bien recuerdan la inscripción que, en la Divina Comedia, Dante lee al llegar precisamente al infierno: “…Abandonad toda esperanza”.

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[1] Alstadsaeter, A.; Johannesen, N.; Zucman, G. (2017). Who Owns the Wealth in Tax Havens? Macro Evidence and Implications for Global Inequality.  NBER Working Paper No. 23805, September, 2017.

[2] El documento de la ANCE se llama: La Academia Nacional de Ciencias Económicas ante las medidas tributarias.

icovarr@ucla.edu.ve

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ÁLBUM FAMILIAR (UNA HISTORIA DE AMOR)

Regresaba a su casa después de cenar en el restaurant habitual, pensando en la sorpresa que se llevó la camarera cuando le dejó cien euros de propina. Afuera del portal de su edificio, por costumbre, dirigió la mirada a la acera y reparó en un cartón cuadrado blanco tirado en el suelo. Lo levantó por curiosidad y lo puso del revés, era una fotografía de una mujer sonriente abrazando a dos niños. Se la quedó sin saber por qué. Al entrar se topó con un vecino que posó la mirada sobre la foto. Con cierta ironía mal disimulada le preguntó: – ¿Es tu familia? -. Él dudó un momento en responder pero finalmente dijo un lacónico – Sí – y se alejó enseguida.

Una vez en su piso se dedicó en la sala a mirar la foto mientras se bebía un té. La mujer era guapa, de unos cuarenta años, como de su edad más o menos. La niña y el niño eran sin duda sus hijos, tenían un extraordinario parecido con ella. Miró largamente la foto, cavilando en por qué estaría tirada en la acera, pero no se le ocurrió nada interesante.

Luego entró en su estudio y quitó de un corcho en la pared tres insectos capturados en su trabajo como entomólogo. Eran dos grandes escarabajos rinoceronte, uno naranja, otro azul y una mantis religiosa. Recordó que de vez en cuando se imaginaba a los escarabajos luchando como los antiguos caballeros medievales por el amor de la mantis, pero nunca elegía un vencedor ni decidía de cuál de ellos se había enamorado ella. Con un alfiler clavó la foto en el corcho y lo descolgó de la pared. Acomodado en la poltrona del estudio se dedicó nuevamente a contemplar la foto, como si estuviera en un álbum familiar. Al cabo de un rato se quedó dormido.

En el sueño regresaba de un largo viaje y la mujer, su mujer, lo recibía con interminables abrazos y besos, susurrándole palabras eróticas que lo excitaron tremendamente. Los chicos estaban locos de alegría con su regreso y recibieron asombrados los exóticos regalos que les trajo de lugares remotos. Por la noche, en medio del calor del verano, se dejó envolver por la añorada blandura de su cama y comenzó a recorrer con caricias el cuerpo de ella. Hicieron el amor y sintió un placer inédito, insondable, una madeja de hilo interminable sin principio ni final.

Despertó sudoroso, turbado. Le costó un par de minutos salir de la perplejidad de haber soñado otra vida. Una vida donde el amor y la pasión tenían un lugar que no habían ocupado nunca en su anodina y rutinaria existencia. Una vida que le hizo olvidar momentáneamente la hora intransferible para acudir a la cita definitiva que había fijado con la suya.

Miró su reloj y reparó en que quedaba poco tiempo. Se levantó de la poltrona, apagó la luz del estudio y se dirigió con paso lento a su dormitorio; allí tenía preparado todo.

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UNA BREVE NOTA SOBRE LA ECONOMÍA DE BODEGONES

Una amiga mexicana leyó un reportaje sobre la “economía de bodegones”, específicamente el artículo de la BBC “Cómo la Nutella se convirtió en símbolo del auge de las importaciones en Venezuela (y qué dice eso de la economía del país)” del 20 de enero de 2020, y después de pedirme le explicara mejor de qué se trata, me solicita mi propia opinión y me reclama si acaso no tengo un visión demasiado pesimista con respecto a la economía venezolana. Puede ser, pero difícilmente alguien me va a convencer que la economía de bodegones representa el resquicio para iniciar la salida de la crisis. En el resto de la nota argumento mis razones.

Algo chocante detrás del auge de estos negocios es que han surgido de la noche a la mañana en un país que tiene uno de los peores climas de negocios del mundo, según se desprende del informe anual más reciente de Doing Business del Banco Mundial, donde Venezuela exhibe pésimos indicadores en todo lo relacionado con la facilidad para hacer negocios y realizar inversiones, ocupando uno de los últimos lugares del ranking entre 190 países evaluados. Pareciera que para crear y poner a funcionar estos bodegones Venezuela exhibe la facilidad que tienen para hacer negocios Nueva Zelanda o Dinamarca (de los primeros en el ranking), y no la de Libia o Haití (de los últimos en el ranking), que es lo que realmente ocurre en la práctica para la gran mayoría de las actividades económicas. En relación con lo anterior, por décadas los llamados “costos de transacción”, los costos no imputables a la producción del bien o servicio o a la administración y gestión de un negocio sino a externalidades negativas surgidas del mal funcionamiento de los mercados o por la baja calidad de las instituciones (leyes, contratos, normas, permisos, licencias) que están en la base del funcionamiento de las actividades económicas, han sido elevados en la economía venezolana. Al respecto, una tesis de maestría que tutoré en el año 2012 demuestra que algunos costos de transacción asociados a permisos, trámites, licencias, necesarios para invertir en una empresa del sector turístico en Venezuela pueden causar una disminución de 15-20% de la rentabilidad esperada (rendimiento real, valorado en dólares) del proyecto de inversión. Sin embargo, para los bodegones los altos costos de transacción existentes no parecen suponer un problema serio. También es chocante que ante la precariedad de la oferta de los servicios públicos en Venezuela, la demanda de los mismos por parte de estos negocios parece estar bien atendida y cubierta.

Algunos economistas han tomado de referencia el auge de estos negocios, sumado a la supuesta utilización generalizada del dólar como medio de cambio y de reserva de valor, la llamada “dolarización”, como un signo de una recuperación y representantes de Fedecámaras han hablado de una “leve mejoría” de la economía venezolana. No obstante, señalan todo ello como si dicho fenómeno hubiera surgido al margen del contexto económico terrible y demoledor que lo ha provocado. En todo caso, se trata de aceptar como una mejoría que este año la economía venezolana no terminará exhibiendo la catastrófica tasa de decrecimiento de 30-35% del PIB estimada para el 2019, sino una caída más suave, pero igualmente pronunciada, de 10-15% del PIB en este 2020. Ciertamente, la flexibilización de los controles de precios y regulaciones que ahogan las actividades económicas, la casi eliminación del oneroso subsidio causado por el control del tipo de cambio (aunque persiste un subsidio implícito), posibles privatizaciones en marcha, producción petrolera sostenida por empresas extranjeras, particularmente la estadounidense Chevron, exenta, por ahora, de las sanciones impuestas por la Casa Blanca, y asociaciones de inversión con empresas rusas en condiciones de socio minoritario por parte de PDVSA, pueden funcionar en la dirección de aminorar la tasa de decrecimiento del PIB. Aclaro que en el caso del negocio petrolero, no se ha tratado de un plan estratégico deliberado, sino de medidas de urgencia para la sobrevivencia de una industria petrolera que el propio gobierno hizo colapsar. Pero nada de esto significa que se están instrumentando un conjunto de políticas macroeconómicas (ni microeconómicas) coherentes y consistentes que apuntan a una verdadera salida de la crisis. En otras palabras, la economía de bodegones no representa una orientación clara de que la economía venezolana va en vías de recuperarse en el corto plazo, incluso ni siquiera en el mediano plazo.

Por otra parte, se trata de opiniones que parten de visualizar una formación de expectativas positivas de los agentes económicos reflejando una burbuja de prosperidad donde cabe acaso 10-15% de la población, no más. Es un razonamiento ingenuo o preparadamente (mediáticamente) optimista que, a fin de cuentas, de lo patéticamente exultante que es termina siendo insultante para la gran mayoría que sufre y padece gravemente las consecuencias reales de la crisis económica.

icovarr@ucla.edu.ve

@iscovarrubias

 

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