DIAMANTES DE SANGRE Y LA MALDICIÓN DE LOS RECURSOS (Y II)

“No hay países desarrollados y subdesarrollados, sino países bien y mal administrados” Peter Drucker.

En la entrada anterior: DIAMANTE DE SANGRE Y LA MALDICIÓN DE LOS RECURSOS (I) describimos un par de dimensiones de este fenómeno económico. Primero, la de aquellos países ricos en recursos naturales que no logran aprovechar la ventaja que les brinda exportar un recurso valioso para salir de la trampa de la pobreza en la que están sumidos. Segundo, naciones con abundancia de recursos que no logran crecer, comparativamente, al ritmo de otros países que no los poseen en abundancia. También se mencionó que, según un estudio, más allá de las diferencias políticas, económicas, culturales, existentes entre un grupo de países exportadores de petróleo, su comportamiento frente al boom de ingresos de los años setenta fue muy parecido; implementaron políticas económicas distorsionadas que significaron desaprovechar la abundancia, reflejándose en un relativamente largo periodo de desempeño económico mediocre.

También se dejo entrever que no todos los países con recursos naturales abundantes sufren la maldición de los recursos. Son las condiciones políticas, económicas e institucionales, subyacentes a la explotación y exportación del recurso, las determinantes de si la maldición se manifestará o no. Un artículo del 2006, escrito por Roland Hodler, denominado The curse of natural resources in fractionalized countries, se acerca a una de las posibles interpretaciones de por qué la maldición de los recursos ocurre en algunas naciones y en otras no.1 El autor desarrolló un modelo para demostrar empíricamente que las naciones donde los grupos de poder que luchan por el control político y económico del recurso están muy fraccionados, los efectos directos positivos sobre el ingreso per cápita tienden a ser mucho más bajos, comparativamente, que los efectos sobre el ingreso en las naciones donde la sociedad es más homogénea y la actividad económica está más articulada alrededor de la explotación y exportación del recurso. Las disputas políticas por el control del recurso en países “fraccionados” suponen la merma de las demás actividades productivas y el debilitamiento institucional; todo lo cual conlleva a una disminución de la inversión y una caída de la productividad.

Venezuela es un país que se presta para el análisis de la maldición de los recursos, o, si se prefiere, la paradoja de la abundancia, porque la producción y exportación de petróleo ha condicionado y ha sido condicionada por variables políticas, económicas y por el marco institucional, desde que esta actividad económica se hizo relevante para el país, entre 1910 y 1920. Esta indagación cobra más sentido al considerar a la economía venezolana como una economía “rentística”. Explorar la paradoja de la abundancia adquiere un significado adicional al constatar que la economía venezolana ha experimentado durante largos periodos dos efectos regularmente asociados con esta paradoja: la llamada “enfermedad holandesa” y el incremento del endeudamiento fiscal.

Antes de abordar someramente el análisis de estos tres aspectos, conviene poner en una perspectiva comparativa sencilla lo que ha ocurrido con el crecimiento de la economía venezolana en los últimos treinta años. El ingreso por habitante de Venezuela, medido por el método de paridad de poder adquisitivo (PPA), era de 5.540 dólares en 1980, siendo el más alto entre los países de América Latina, similar al de Portugal (5.260 dólares) y solo un poco menor al ingreso de España (6.750 dólares). Corea del Sur, una economía sin recursos naturales de exportación, tenía un ingreso de 2.340 dólares y Chile, una economía exportadora de cobre, tenía un ingreso de 2.240 dólares, con referencia al mismo año. En el 2012, la diferencia en el nivel de ingreso de Venezuela con respecto a estos dos países se había revertido completamente. Mientras el ingreso por habitante (PPA) de Venezuela alcanzó ese año 13.120 dólares, los ingresos respectivos de Corea del Sur y Chile fueron de 30.970 dólares y 21.310 dólares.2 Corea del Sur ilustra perfectamente a lo que aludía Paul Samuelson para el caso de Japón, señalado en la entrada anterior, respecto a los países sin recursos naturales que, no obstante, han hecho todas las tareas requeridas para alcanzar su desarrollo económico. Por su parte, Chile se ha convertido en la economía con mayor ingreso por habitante de América Latina.

La condición rentística de la economía venezolana, asociada a la producción y explotación del petróleo, ha sido estudiada principalmente por el economista venezolano Asdrúbal Baptista. En su libro Teoría económica del capitalismo rentístico (1997, Ediciones IESA) desarrolló un modelo teórico básico de análisis y en trabajos posteriores ha expuesto las características fundamentales de la economía venezolana como una economía rentística.3 Para Baptista, los ingresos que recibe Venezuela por la exportación del petróleo constituyen una “renta”, en la medida que su magnitud no guarda relación con el esfuerzo productivo en capital y trabajo requerido para producirlo internamente, es un excedente producido en el resto del mundo que el país capta en virtud de poseer el recurso. La propiedad sobre el recurso en manos del Estado supone que la renta se convierte en un mecanismo de redistribución de ingresos hacia los diferentes estamentos de la sociedad. Por tanto, ha sido la capacidad política e institucional para acceder a ella lo que históricamente ha configurado el reparto de esa renta.4

La dinámica de la renta petrolera ha generado un patrón de acumulación del capital y crecimiento económico dependiente de los shocks externos, favorables y desfavorables. A su vez, esta dinámica ha estado condicionada por el peso relativo del ingreso rentístico y la capacidad de absorción de dicho ingreso, relacionado con el tamaño de la economía venezolana. La renta alienta el desarrollo de la base productiva, al destinarse en alguna medida a la inversión, pero, siendo la capacidad de absorción limitada por el estrecho tamaño del mercado nacional, la otra posibilidad de ampliar la base productiva es mediante la diversificación de las exportaciones. No obstante, la renta también estimula la sobrevaluación del tipo de cambio, incrementándose las importaciones y mermando las exportaciones de bienes diferentes al petróleo.

Este efecto perverso de la renta, el cual ha ocurrido generalmente en periodos de un boom de ingresos petroleros, es la enfermedad holandesa. La sobrevaluación del tipo de cambio, al abaratar las importaciones y encarecer las exportaciones de los bienes no petroleros, especialmente los manufacturados, produce un sesgo anticompetitivo para los demás bienes transables, al mismo tiempo que genera un sobredimensionamiento del sector de bienes y servicios no transables.5 Esta situación ha derivado en un proceso de des-industrialización, cuyo costo para la economía venezolana ha sido, entre otros, padecer de un bajo nivel de diversificación productiva y un bajo nivel de productividad de los sectores económicos distintos al sector petrolero.

Por su parte, en periodos de auge de los ingresos petroleros, los gobiernos de turno se han dado licencia para incrementar significativamente el gasto público, lo cual ha supuesto incurrir en un alto endeudamiento fiscal cuando dichos ingresos han disminuido. En algún sentido, la conseja que se desprende de la teoría del ingreso permanente de Milton Friedman: ajustarse a un shock permanente, financiar un shock transitorio de los ingresos, ha sido mal interpretada por el petro-estado venezolano.6 En Venezuela, los periodos de shocks de mayores ingresos petroleros los han asumido los gobiernos como si fueran ingresos permanentes y, por tanto, se ha promovido un mayor nivel de gasto público pro-cíclico. Cuando el mayor ingreso petrolero se ha revelado transitorio, ha sido muy difícil revertir la situación del mayor gasto público, por lo cual se ha recurrido al endeudamiento interno y externo. Sin embargo, también se ha observado la paradoja de ser precisamente en los periodos de auge de los ingresos petroleros donde se ha registrado un importante nivel de endeudamiento.7

Una solución de compromiso, creada por algunos países que reciben ingresos extraordinarios por la exportación de sus recursos, ha sido fomentar un fondo de ahorro para estos ingresos, bajo el supuesto correcto de que son transitorios, de manera de contar con dichos ahorros cuando merme el flujo de ingresos y así poder contrarrestar la fase recesiva del ciclo económico. Al respecto, Chile tiene un fondo de ahorro, producto de sus ingresos por exportaciones de cobre, de alrededor de 23.000 millones de dólares, mientras que Noruega cuenta con un fondo de ahorro, derivado de sus ingresos por exportaciones de petróleo, cercano a 740.000 millones de dólares. Otros países exportadores de petróleo, como Emiratos Árabes y Arabia Saudita, cuentan con fondos de 627.000 millones y 500.000 millones de dólares, respectivamente. Además, estos fondos soberanos obtienen rendimientos al ser colocados como inversión financiera.

El gobierno venezolano creó en 1999 un fondo de ahorro de este tipo, el fondo de estabilización macroeconómica, pero su mal manejo administrativo llevó a distorsionar su finalidad y actualmente se encuentra prácticamente inoperativo. No es casualidad que, al no contar con un fondo de ahorro efectivo, la economía venezolana exhiba una gran volatilidad en cuanto al crecimiento de su PIB. Por lo demás, las políticas fiscales, monetarias y cambiarias distorsionadas también han impelido hacia una mayor volatilidad macroeconómica.

En el libro El Caso Venezuela: una ilusión de armonía, publicado en 1984 por el Instituto de Estudios Superiores en Administración (IESA), destacados académicos e intelectuales del país ya alertaban sobre las contradicciones, y las nefastas consecuencias avizoradas, de administrar y gestionar ineficientemente la riqueza petrolera. Tres décadas después, esas contradicciones, y la preocupación de que el petro-estado y la sociedad venezolana conviertan la gran cantidad de ingresos con la cual son favorecidos en una maldición, siguen vigentes.


1 El artículo fue publicado en European Economic Review, Vol 50, Nº. 6, pp. 1367-1386. A una versión preliminar, del 2004, se puede acceder desde el siguiente enlace: http://www.mgimo.ru/fileserver/2004/kafedry/mirec/konf5_5_2006/7.pdf

2 Los datos mencionados tienen como fuente el Banco Mundial y se puede acceder a ellos en el siguiente enlace: http://data.worldbank.org/indicator/NY.GNP.PCAP.PP.CD?page=6 Por su parte, la relativa postración del ingreso por habitante de Venezuela en los últimos treinta años, en el contexto de los diferentes ciclos de auge y caída de los ingresos petroleros, ha sido analizada, desde una perspectiva académica, en una serie de artículos compilados en el libro Crecimiento Económico en Venezuela: bajo el signo del petróleo, publicado en el 2006 por el Banco Central de Venezuela (BCV). Destacan en este libro, en relación con la discusión sostenida en esta entrada, un artículo de Jeffrey Sachs y Francisco Rodríguez, que explora la hipótesis de la maldición de los recursos para Venezuela y un artículo, escrito por Ricardo Hausmann y Roberto Rigobón, que pretende ser una interpretación alternativa a ésta.

3 A este libro, en la edición del BCV, se accede desde el siguiente enlace: http://www.bcv.org.ve/Upload/Publicaciones/ABaptistateoria.pdf

4 La existencia de una renta, condicionando el desempeño de la economía venezolana, ha supuesto el surgimiento de incentivos para que los agentes económicos, los actores políticos, sociales, gasten recursos en la búsqueda y captura de dicha renta. La teoría conocida como rent-seeking, supone un modelo explicativo de las condiciones que deben prevalecer para que una economía, o una organización económica, propicie este tipo de práctica entre los agentes.

5 Los bienes transables y no transables corresponden a una clasificación de los bienes producidos con relación a la estructura económica. Son bienes transables aquellos susceptibles de comercializarse tanto en el interior del país como a nivel internacional; los no transables solo pueden consumirse dentro de la economía en la que se producen; no pueden importarse ni exportarse. Dos factores básicos determinan la transabilidad o no transabilidad de un bien: 1) los costos de transporte, que crea barreras naturales al comercio, 2) el grado de proteccionismo comercial existente. Los bienes producidos en la agricultura, la minería y la manufactura, son típicamente los más transables; mientras que servicios como electricidad, gas y agua, construcción, transporte y comunicaciones, servicios financieros y de seguros, no son fácilmente transables.

6 Se describió brevemente la teoría del ingreso permanente en una entrada anterior de este blog: MUJER BONITA ENSEÑA ECONOMÍA (Y III).

7 Casi de forma paralela al boom de ingresos petroleros de los años setenta, los gobiernos venezolanos de turno se endeudaron masivamente con gobiernos extranjeros y con la banca internacional, resultado de lo cual Venezuela fue uno de los países que sufrió con mayor intensidad la crisis de la deuda externa latinoamericana de los años ochenta. Por su parte, durante el gobierno de Hugo Chávez (1999-2013)  tanto la deuda pública interna, así como la externa se incrementaron significativamente, incluso, paradójicamente, en años en que se registraron nuevos booms de ingresos por exportaciones de petróleo. Según cifras del BCV, la deuda pública externa, que fue de 23,8 mil millones de dólares en 1998, alcanzó 102,3 mil millones de dólares en 2012, para un incremento de 330%. Todo indica que el actual gobierno seguirá incrementando la deuda pública interna y externa.

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