NO SE TRATA DE MERCADO O ESTADO, SE TRATA DE BUENAS O MALAS INSTITUCIONES

Veo en la TV una entrevista al Nobel de Economía Paul Krugman, motivada por una visita suya a México. Como casi siempre, coincido con este gran economista que tiene sapiencia y perspicacia. Krugman no se deja llevar por el mainstream economics, pero tampoco exagera con posturas radicales, de esas que se le ven las costuras ideológico-políticas, expresando correctamente sus propios juicios de valor acerca de las situaciones económicas que analiza o sobre las que opina. En una parte de la entrevista hace mención al hecho de que el gobierno estadounidense, desde Barack Obama por lo menos, se ha involucrado en la creación y administración de empresas basadas en fuentes de energía limpia, renovables. Krugman señala que si bien han quebrado dos o tres empresas de estas, en general la experiencia ha sido positiva y, por lo demás, subraya, algunas empresas privadas también quiebran.

Al terminar la entrevista reflexiono sobre la discusión permanente en relación con el tipo de organización económica que es más apropiado para una sociedad, una discusión que a menudo opone al Mercado frente al Estado. Se trata de un falso dilema, pues en la práctica el asunto no es obviamente si Mercado o Estado sino cuánto Mercado y cuánto Estado y de qué calidad. Extendiendo el argumento, el Estado puede ser buen empresario en algunos pocos sectores, pero es una tarea que mejor deja en manos del sector privado. Donde no está en discusión la actividad del Estado en la economía es en su importante labor de regulador, de proveedor de bienes públicos y de instrumentador de políticas que vayan en beneficio de toda la gente y no de un sector o grupo en particular. Y es allí donde el Estado puede ser bueno, malo o regular y de su desempeño dependerá en gran parte también el bueno, malo o regular funcionamiento de los mercados.

Cuando el análisis deriva hacia considerar cuánto Mercado y cuánto Estado, el papel de las instituciones y el desempeño institucional cobra relevancia. En la definición del Nobel de Economía Douglas North, las instituciones surgen como una manera de llegar a arreglos políticos y sociales que propendan a hacer más eficientes las actividades económicas [1]. Se comprende entonces que el equilibrio o balance entre Mercado y Estado, uno que oriente la economía hacia su desarrollo, pasa por generar instituciones de buena calidad, por crear dentro de la sociedad que se trate una alta capacidad institucional. Existen innumerables ejemplos de que este argumento se soporta en la experiencia de crecimiento económico de países e incluso de regiones. En efecto, en los países y regiones con una alta calidad institucional tanto los mercados así como los gobiernos se desempeñan mucho mejor que en los países y regiones donde la calidad de sus instituciones es baja. Al respecto, en un estudio del Banco Mundial que contrastó el crecimiento económico de los países en relación con las políticas económicas que se implementan y la capacidad institucional existente para implementarlas, se demuestra que las naciones con baja distorsión de sus políticas y alta capacidad institucional crecen, en promedio, a tasas más altas que las naciones con baja distorsión de las políticas pero con baja capacidad institucional. La peor situación es la de los países que crecen a tasas muy bajas, cercanas a cero, los cuales exhiben una alta distorsión de las políticas combinada con baja capacidad institucional [2].

Por ejemplo, Finlandia y los demás países de la región escandinava se encuentran entre los líderes en alta capacidad institucional, medidos por parámetros como la calidad de su gobernanza. Por tanto, sus regulaciones, la provisión y calidad de sus bienes públicos y el diseño de sus políticas, han resultado un apoyo fundamental para el buen desempeño de su sector privado y de los mercados. El ejemplo contrario, con algunas excepciones, son los países africanos, donde la baja capacidad institucional sin duda supone un gran obstáculo tanto para tener una gobernanza de calidad así como para el buen funcionamiento de los mercados.

¿Y qué hay de América Latina? Al respecto, se podría decir que, en promedio, la calidad institucional de los países latinoamericanos es regular [3]. Pero ese promedio esconde el hecho de que hay algunos que exhiben buena calidad institucional, como Chile, Uruguay o Costa Rica, mientras que hay otros que han sufrido una debacle institucional tan grande que su gobierno se encuentra al borde de ser etiquetado como Estado fallido, con un funcionamiento de los mercados tan deficiente que lo ubica en los últimos lugares en cualquier ranking basado en un índice que se emplee sobre este aspecto. Creo que mi lector o lectora no tendrá muchos problemas en identificar que del país que estoy hablando en este último caso es Venezuela. Lo más lamentable del caso venezolano es que hasta la última década del siglo XX, si bien el país no contaba con muchas instituciones de primera calidad, al menos estas tenían un funcionamiento regular y eran mejorables. Esta debacle institucional supone que en los hechos los países pueden verse sometidos, en algún periodo de su historia, a una involución drástica que eche por tierra en pocos años los esfuerzos para hacer de las instituciones los pilares requeridos para garantizar una regulación de calidad, una buena dotación de bienes públicos y la implementación de buenas políticas que impacten favorablemente en su crecimiento económico. El punto álgido del caso venezolano es que las consecuencias de su colapso institucional han sido tan perjudiciales que aparentemente existe una frontera de irreversibilidad donde difícilmente se podrán recuperar algunas instituciones. No cabe la menor duda que en el futuro una de las tareas fundamentales para la recuperación de Venezuela pasa por su reinstitucionalización.

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[1] Véase Douglas C. North (1993). Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. México D.F: FCE.

[2] Véase Banco Mundial (1997). El Estado en un mundo en transformación. Informe sobre el Desarrollo Mundial 1997. Washington D.C: Publicaciones del Banco Mundial.

[3] Véase Banco Interamericano de Desarrollo, BID (2006). La política de las políticas públicas. Informe sobre el Progreso Económico y Social de América Latina 2006. México D.F: Editorial Planeta Mexicana.

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NACIENDO DE LAS LÁGRIMAS

Es sabido que los seres humanos, desde los albores de la historia y de la civilización, se han hecho infinidad de representaciones mentales, individuales y colectivas, del mundo. Si una capacidad humana es especialísima esta es precisamente la de representar imaginativamente el entorno circundante y a las situaciones que en este se desarrollan. Los antiguos griegos llamaban a esta representación, o auto-representación del mundo, poiesis. De las poiesis tribales nacieron los mitos, las epopeyas, los poemas homéricos, las tragedias y, de cierta manera, la filosofía griega. También las épicas de las grandes civilizaciones antiguas, desde el Gilgamesh de la mitología sumeria hasta las escrituras de los libros sagrados de las religiones politeístas y monoteístas, están impregnadas de poiesis.

Muchas representaciones mentales del mundo se refieren a la creación de este, a la creación de los dioses, diosas, de los hombres y mujeres, plantas y animales que lo pueblan. Algunos semidioses nacieron del encuentro amoroso (bueno, a veces no tan amoroso) entre dioses y diosas inmortales y seres mortales. Los relatos escritos de la creación de los hombres por parte de los dioses son innumerables e imaginativos, desde la creencia que fueron moldeados del barro, de los que da cuenta el Génesis bíblico, hasta el mito de los hombres de maíz, del que nos habla el Popol Vuh de la cosmogonía maya.

Me hago estas reflexiones motivado por la lectura de la bella novela que es El viaje de Teo (Siruela, 1998) de la filósofa y escritora francesa Catherine Clément. Esta novela cuenta una bonita historia y al mismo tiempo hace un breve y aleccionador recorrido por las creencias asentadas en las más importantes religiones del mundo. Como representaciones mentales colectivas del cielo y de la tierra, las escrituras e interpretaciones de las grandes religiones no son muy diferentes de los mitos y los poemas épicos y en muchos casos se afincan en la misma poiesis.

La religión vista como poiesis se despliega en innumerables historias que podemos leer en El viaje de Teo. En particular me ha gustado mucho la historia del nacimiento de Tara, una deidad que es una ayudante de Avalokiteshvara, un bodhisattva al que la tradición budista mahayana  asocia con la compasión. Tara nació de unas lágrimas derramadas por Avalokiteshvara y desde entonces lo ayuda con sus buenas acciones. Es sencillamente poético este relato donde unas lágrimas insuflan vida.

Es prácticamente universal la creencia de que las lágrimas tienen poder sanador, purificador y creador de emociones y sentimientos. A poco que pensemos, entendemos que las lágrimas de un niño nos mueven a la compasión. Las lágrimas de alegría de alguien cercano o hasta lejano nos producen simpatía. Las lágrimas de un valiente nos llenan de admiración, mientras que la de un cobarde nos causa repulsión. Las lágrimas de la madre por una mala acción del hijo le provocarán vergüenza. Las lágrimas de los amantes furtivos revelan su felicidad, aunque también pueden encarnar su desdicha, al saberse unidos en un último encuentro, pues no se verán nunca más.

Y aunque se nos diga que no sirve de nada llorar sobre la leche derramada, si se tiene una honda pena las lágrimas inevitablemente brotarán. Y correrán como un río manso por la geografía de nuestro rostro, revelándonos que está naciendo una tristeza. Entonces, tomando uno de los versos del poema Llorar a lágrima viva del poeta argentino Oliverio Girondo, en el deseo de renacer, quizás intentemos salvarnos, a nado, de nuestro propio llanto.

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MESSI, EL F.C. BARCELONA Y LA TEORÍA DEL AGENTE-PRINCIPAL

La inminente salida de Lionel Messi del F.C. Barcelona, equipo con el que se ha consagrado como jugador de fútbol de la élite mundial y es su principal referente desde por lo menos la última década, ha supuesto un sinfín de noticias especulativas y comentarios que van desde cuál será su futuro equipo, pasando por asuntos financieros sobre cuánto alcanzará la transacción, hasta rozar aspectos macroeconómicos, pues se dice que el fisco español perdería alrededor de 50 millones de euros una vez Messi emigre a otra liga de fútbol. También se ha mencionado que con la partida de Messi difícilmente el Barça vuelva a liderar los ingresos de los clubes de fútbol más importantes de Europa, como ya lo consiguió en la temporada 2018-2019, ingresando alrededor de 840 millones de euros.

Todo ello se mantiene en el terreno de la especulación, hasta que no se produzca el hecho concreto en cuanto a la salida del extraordinario futbolista argentino de su club de toda la vida. Sin embargo, al margen de lo especulativo en lo deportivo y financiero, la decisión de Messi de abandonar el F.C. Barcelona puede verse desde la perspectiva de una teoría económica enfocada en el análisis de las organizaciones denominada la teoría del agente-principal.

Antes de abordar la mencionada teoría y su relación con el affaire Messi-Barça, permítaseme decir que el F. C. Barcelona, como dice la consigna que se lee en las gradas del Camp Nou, es más que un club, pues en realidad se trata tanto de un modelo deportivo así como de un modelo de negocio, uno que ha sido, especialmente en lo que va de siglo XXI, exitoso. Como modelo deportivo y de negocio exitoso ha sido analizado, entre otros, por el economista Xavier Sala-i-Martin, quien fungió en algún momento de directivo del club. En su ameno libro Economía en colores (Conecta, 2016), Sala-i-Martin nos hace saber que el año glorioso del Barça en el 2009, donde ganó todos los seis torneos en los que compitió, no solo supuso una revolución en el plano futbolístico, posicionando a Messi como el mejor jugador del mundo y a Pep Guardiola como un técnico creativo y ganador, sino también estuvo acompañado de una serie de innovaciones gerenciales y organizacionales que se reflejaron en resultados muy favorables en ambos planos, deportivo y financiero [1]. No obstante, ahora mismo el equipo catalán se percibe con muchos problemas en estos dos ámbitos.

Respecto a la teoría del agente-principal, comencemos por señalar que las grandes organizaciones tienen un “principal”, es decir, propietarios o socios, y tienen un “agente”, representado en las personas que dirigen la organización. En la mayoría de los casos, los agentes contratados para dirigir son externos a la organización, pero hay excepciones. El F.C. Barcelona es una organización cuyos socios e incluso sus aficionados son sus principales, mientras que los agentes se corresponden con los socios o no socios que hacen la labor de directivos y gerentes, diseñando y desarrollando su modelo deportivo y de negocio. En tal sentido, la teoría del agente-principal postula que la eficiencia de una organización requiere que los objetivos y metas del agente estén alineados con los objetivos y metas del principal. En otras palabras, en las decisiones de optimización organizacional, digamos por ejemplo la maximización de beneficios, la tarea del agente, para lo cual lo contratan y pagan, tiene que responder a la idea maximizadora que también tenga el principal, los propietarios. Si esta premisa no se cumple, los objetivos del agente pueden llevar una dirección diferente a la proyectada o deseada por el principal y surgirán problemas.

La divergencia de objetivos entre agente y principal, conocido en la literatura económica como el problema del agente-principal, es una dificultad que está arraigada en las organizaciones desde la emergencia del capitalismo mercantil. En efecto, las empresas familiares de comerciantes y banqueros de las ciudades-estado italianas mercadeaban productos o colocaban capitales por buena parte de Europa desde el siglo XIV. Para sus actividades tenían agentes de comercio o financieros en diferentes ciudades, a los cuales, después de permanecer cierto tiempo en éstas, se les cambiaba a otra ciudad. La idea era evitar que el agente desarrollará vínculos económicos y sociales que lo llevará a priorizar  sus propios objetivos por sobre los del principal, los propietarios a los que servían. Se trató pues de una innovación organizacional dirigida a minimizar el problema del agente-principal [2]. Este tipo de fallas en las organizaciones o en el funcionamiento de los mercados es más frecuente de lo que se supone, pudiendo acarrear costos del tipo de los llamados costos de información y de transacción, cuyo impacto económico analizaron economistas de la escuela neo-institucional, como los Premio Nobel de Economía Douglas North, Oliver Williamson o Ronald Coase.

Desde mi punto de vista, en el impasse entre Messi y la directiva del Barça hay un problema de agente-principal signado por la confusión de objetivos deportivos con los financieros, los cuales están acarreando altos costos de información y de transacción [3]. Estas dificultades comenzaron desde por lo menos la salida, también problemática, de Neymar Jr. del equipo. En tal sentido, los objetivos de quienes dirigen al F.C. Barcelona, los agentes, parecen cada vez más alejados de los que desean los socios y aficionados, los principales, y hasta de los objetivos de los propios jugadores. El doble fracaso reciente tanto en lo deportivo así como en lo financiero ha exacerbado el problema. En conclusión, hablando como aficionado del Barça, pero mucho más como economista, con la pérdida deportiva y financiera para el equipo que significará la partida de Messi, se revela que ha llegado el momento de cambiar a los agentes.

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[1] Los seis torneos ganados ese año 2009 por el F.C. Barcelona fueron: Liga, Copa del Rey, UEFA Champions League, Supercopa de España, Supercopa de Europa, Mundial de Clubes.

[2] Véase Greif, Avner (1996).The Study of Organizations and Envolving Organizational Forms through History: Reflections from the Later Medieval Family Firm. Industrial and Corporate Change, 5 (2): 473-502.

[3] Al parecer, algunas indefiniciones en los términos de cómo se resolverán las clausulas del contrato que todavía liga a Messi al F.C. Barcelona representarían, independientemente del acuerdo de negociación judicial o extra-judicial que se alcance, costos de transacción que podrían llegar a ser de centenares de millones de euros.

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