ASDRÚBAL BAPTISTA IN MEMORIAM

El jueves 25 de junio de este 2020 falleció el insigne economista venezolano Asdrúbal Baptista Troconis, profesor de la Universidad de Los Andes (ULA), del Instituto de Estudios Superiores en Administración (IESA) y académico visitante de las universidades de Oxford, Cambridge y Harvard, Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE). Los talentos que adornaban la capacidad intelectual del profesor Baptista lo acercaban a lo señalado por el gran economista del Siglo XX, John Maynard Keynes, para quien un economista debe ser, en algún grado, matemático, historiador, estadista y filósofo, debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Y el profesor Baptista compendiaba estas capacidades en su desempeño como investigador de gran trayectoria, en su afán de adquirir las herramientas necesarias para comprender mejor la ciencia económica y en especial su motivación por comprender la economía venezolana y aportar ideas para su desarrollo.

Es por esta razón que la mayoría de sus estudios se basan y referencian sobre una perspectiva histórica comparativa, dándoles una visión comprehensiva y consistente al análisis tratado, de manera que las explicaciones se sustentan en la narrativa de un proceso que se va hilvanando de forma coherente con las hipótesis y argumentos planteados. El artículo Más allá del optimismo y del pesimismo: las transformaciones fundamentales del país, en el libro El caso Venezuela. Una ilusión de armonía (Ediciones IESA, 1984), constituye una muestra de esa forma suya de exponer e interpretar de manera precisa y clara datos, hechos y el proceso económico. Este artículo analiza lo que ya eran para ese momento un poco más de sesenta años de la llegada del petróleo a la economía venezolana, más específicamente, la llegada de un ingreso petrolero sustancial en forma de renta. Allí se describen los grandes progresos materiales de la sociedad venezolana en ese periodo, pero también se advierte de los desbalances económicos que la renta petrolera estaba generando. En particular, a diferencia de otros procesos históricos de crecimiento económico, el venezolano se había caracterizado por un rezago en el incremento de la productividad, en otras palabras, el elevado dinamismo del crecimiento del producto agregado no ocurre a la par del crecimiento de la productividad manufacturera, que es la tomada como referencia. Por su parte, nuestro crecimiento tampoco sucede según otro rasgo resaltante en otros países, como lo es que la participación de los salarios en el ingreso total aumenta frente a la participación de los beneficios. A pesar del incremento experimentado por el salario real durante ese periodo, la distribución del ingreso se estaba convirtiendo en una rémora para el crecimiento económico.

Ambos desequilibrios tienen profundas implicaciones, resumidas estas en que el relevante crecimiento de la dotación de factores para la producción, vale decir, la tasa de inversión, la acumulación de capital, no es acompañado por un crecimiento similar del mercado interno. Esto genera un desequilibrio fundamental, como lo es que la oferta potencial no encuentra respuesta en la demanda efectiva interna. Y la salida de orientar la oferta potencial en la dirección de que el producto sea demandado por el más amplio y fuerte mercado externo, encuentra serias limitaciones por la sempiterna política económica de mantener sobrevaluado el tipo de cambio. Estas restricciones para el crecimiento económico llevaron al profesor Baptista a pensar en un problema mayor, relacionado con lo que pasaría una vez el ingreso petrolero disminuyera significativamente. Y la indagación lo llevó inexorablemente a plantear que la economía venezolana terminaría estancándose si no se transformaba. Una premonición que, aunque ya se asomaba al momento de publicar el artículo, sería aproximadamente treinta años después que se cumpliría del todo.

De estos desequilibrios trata uno de los mayores aportes del profesor Baptista a la comprensión de la economía venezolana, como lo es el modelo teórico y empírico del capitalismo rentístico. Este modelo está expuesto de manera comprehensiva en su libro Teoría Económica del Capitalismo Rentístico. Economía, petróleo y renta (Ediciones IESA, 1997). El capitalismo rentístico tiene tres características básicas que lo hacen distintivo. En primer lugar, se trata de una de las varias formas o modalidades que adquiere el capitalismo. En segundo término, esta singularizado por un contexto nacional favorecido de manera sustancial y sostenida por unas condiciones particulares de la renta internacional de la tierra (en nuestro caso la renta del petróleo). Tercero, dado que la renta es obtenida en primera instancia por el Estado propietario, la manera como se distribuye dicha renta en el cuerpo de la economía y de la sociedad tiene importantes efectos para el crecimiento y el desarrollo económico del país en cuestión. La consecuencia final de estos rasgos característicos para el caso del capitalismo rentístico venezolano es que este se hace inviable, conllevan a su colapso, incluso, como lo señala agudamente: “Antes bien, y ésa es una importante paradoja por considerar, dicho colapso puede ocurrir, y de hecho así sucedió, en el medio del auge de los ingresos provenientes de la renta. El colapso ocurre, en breve, no cuando la renta merma y desaparece, sino justamente en el caso contrario.” (p. 157). [1].

Una de sus grandes preocupaciones siempre fue el poder contar con datos para el análisis económico que fuesen consistentes y coherentes. En este sentido, contribuyó con sus investigaciones para hacer la importante distinción entre el  PIB  y la renta petrolera, dicho de otra forma, entre el PIB rentístico y el PIB no rentístico de la economía venezolana. Esta divisoria transparentó que el tamaño de la renta petrolera, ajena a la capacidad y al potencial productivo del país, era bastante significativo con relación al tamaño de la economía y de allí su enorme influencia, colándose por todos los intersticios de la estructura económica, se tratara de la producción industrial de otros bienes diferentes al petróleo, el consumo de bienes y servicios nacionales e internacionales, la inversión pública y privada, la determinación de los salarios reales, del tipo de cambio o de la tasa de productividad. La necesidad de establecer un alto estándar para las estadísticas económicas nacionales que reflejaran esta distinción, lo llevó a publicar un trabajo que las condensa con el nombre de Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana 1830-1995 (Fundación Polar, 1997). Con posterioridad a esta primera edición se publicaron otras similares para agregar periodos. Un resumen de este exigente trabajo, donde el profesor Baptista vuelve a destacar la importancia de las afinación de las estadísticas y de los métodos cuantitativos para medir y explicar la economía venezolana, se publicó en el artículo Un buen número = una buena palabra, en el libro Venezuela Siglo XX, Visiones y Testimonios (Fundación Polar, 2000). Un trabajo donde se expone fidedignamente la realidad económica del siglo XX venezolano apelando a datos que la reflejan tan bien y de forma tan clara como lo puede expresar un enjundioso tratado.

El rigor con el que el profesor Baptista encaraba el análisis del capitalismo lo llevó a escribir interesantes estudios sobre este. En particular escribió una obra muy breve pero significativa donde expone algunas ideas al respecto, agregando una corta reflexión sobre la singularidad de la acumulación originaria del capital en Venezuela. Se llama La sociedad capitalista ¿hacia su estadio final? (ANCE, 2007). En esta obra describe el desarrollo capitalista como el proceso histórico que ha sido, es, y representa en su potencial de expansión, sustentado en las relaciones sociales siempre dialécticas que oponen al capital y al trabajo, permeabilizados por las relaciones de poder y de regulación que se manifiestan en las acciones y en las políticas de cualquier Estado soberano. Al respecto de ello comenta: “El logro del Estado nacional en el seno de la economía nacional, amortiguando los costos del progreso capitalista, no es más que una reliquia.” (p. 21). En otras palabras, la expansión mundial del capital, el capitalismo global, exige unas relaciones de poder donde los Estados nacionales quedan desdibujados en sus funciones y acciones, por lo cual se vislumbran unas relaciones sociales capitalistas de un nuevo orden, sui generis. Si bien alineado aún con el proceso histórico del cual emergió hace cinco siglos, el capitalismo global está impregnado de un matiz incierto en cuanto al rol que jugará una indefinida política mundial, acentuada esta incertidumbre por el retraso en la incorporación en el nuevo orden de la exigida mundialización de la fuerza de trabajo [2].

La singularidad de la acumulación originaria del capital en Venezuela destaca por ser diferente al proceso histórico, a menudo violento y no exento de contradicciones, que la engendró en otras latitudes. Una suerte de anomalía histórica vino a ocupar el lugar de ese proceso. Y esta anomalía no se expresa de otra manera que en “…la certidumbre de que el petróleo pagó por el precio social de la acumulación originaria, y al decir petróleo debo especificar que se trata de la renta internacional a la que da derecho.” (p. 24). Las implicaciones económicas de esta singularidad se exponen, como se señaló, en su riguroso estudio de las limitaciones y posibilidades del capitalismo rentístico venezolano.

Este muy breve e incompleto recorrido por sus aportes intelectuales y académicos, pues no cubren sino una pequeña parte de lo que puede expresarse al respecto, sirven, no obstante, para rescatar el provecho que muchos de nosotros hemos sustraído de la experiencia de vivir en un tiempo contemporáneo al desarrollo de sus investigaciones, especialmente las dedicadas al análisis de la economía venezolana. También estas notas sobre su amplia obra dan fe de su amor y entrega generosa por su profesión y su país. Para mí es un orgullo haberlo tenido de maestro, estudiarlo y haberlo acompañado como conferencista. Pienso que ante su partida física los economistas venezolanos tenemos una gran responsabilidad, no solo por el momento crítico que vivimos, sino también porque el legado que dejan académicos a carta cabal como él lo era así nos lo impone. Es un deber y una necesidad imperiosa seguir analizando, investigando, en un campo donde está en juego nada más y nada menos que el bienestar en el presente y en el futuro de la gran mayoría de nuestros compatriotas. Ojalá estemos a la altura del compromiso, como siempre lo estuvo el profesor Asdrúbal Baptista.

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[1] El análisis clásico de la renta de la tierra, el ingreso recibido por el terrateniente en su condición de propietario, corresponde a Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx. No obstante, tal análisis y sus implicaciones no han quedado circunscritos al usufructo y explotación de la tierra de los siglos XVIII y XIX, pues también se ha enfocado en cualquier recurso natural cuyo propietario obtenga un valor de explotación, una renta, por tener esa condición. Un análisis más amplio del capitalismo rentístico, sus causas y consecuencias, lo articulé en cuatro entradas de este blog La Economía sí tiene quien le escriba con el nombre de Desbalances de la economía venezolana, publicadas entre febrero y julio de 2015.

[2] No se le escapa al profesor Baptista que las relaciones capital-trabajo en el escenario del capitalismo mundial no solo serán demarcadas por el rol que juega y jugarán los cada vez menos influyentes Estados nacionales, sino también, y de manera incluso más relevante, por el papel que desempeña y desempeñará la ciencia, y mucho más su derivado práctico: la tecnología, en el modelado de las relaciones sociales de producción globalizadas.

 

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EL CRECIMIENTO ECONÓMICO DE ESPAÑA Y DE CHINA EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA COMPARATIVA

Una anécdota diplomática, ocurrida durante el histórico viaje de Richard Nixon a China, en febrero de 1972, cuenta que en una conversación entre el primer ministro Zhou Enlai y el Secretario de Estado Henry Kissinger, preguntado el premier chino acerca de su opinión sobre la Revolución Francesa respondió que aún era demasiado pronto para juzgar esos acontecimientos. Casi dos siglos después de haber ocurrido, para el líder chino el balance del éxito o fracaso de la Revolución Francesa aún estaba, en perspectiva histórica, lejos de dilucidarse. He recordado esta anécdota porque algunos economistas y sociólogos consideran que el sistema económico de China en las últimas cuatro décadas, iniciado con las reformas implementadas por el primer ministro Den Xiaoping en 1978, es el más exitoso y continuará siéndolo por mucho tiempo. Esta postura se apoya en el hecho incontrovertible de que el crecimiento económico de China ha sido espectacular y muy eficaz para sacar de la pobreza, según algunas estimaciones, a cerca de 700 millones de sus ciudadanos [1]. Mi propia postura es que el sistema económico chino, habiendo sido eficaz, no necesariamente se puede replicar en otro país en desarrollo en el escenario global actual y probablemente menos en el futuro.

Teniendo en cuenta estas opiniones propias y ajenas sobre la economía China, se me ocurrió idear un ejercicio cuantitativo ¿Por qué no medir el éxito económico de China en términos del aumento de su ingreso per cápita comparándolo con otro país desde una perspectiva histórica que sea lo más amplia posible? Entonces recordé el enjundioso análisis  que hace el historiador económico Angus Maddison en The World Economy. A Millennial Perspective (OECD, 2001), el cual trae, entre otros datos, la población, el PIB y PIB per cápita de naciones y regiones del mundo desde el año 1000 hasta finalizando el siglo XX. Dado que el imperio chino y el imperio español tenían hacia 1500 un ingreso per cápita más o menos similar, la posibilidad de hacer esta comparativa estaba servida. El propósito de esta comparación, con sus obvias limitaciones, es mostrar que un análisis del crecimiento económico desde una perspectiva histórica amplia, puede mostrar un panorama hasta cierto punto diferente de las narrativas de éxito y fracaso económico de los países [2]. Si este análisis tiene algún valor, dejo esa opinión a juicio del lector.

Según el estudio de Maddison, en el año 1500 el imperio chino y el imperio español tenían un ingreso per cápita –medido en dólares internacionales de 1990- bastante similar, de 698 $ para España y de 600 $ para el caso de China. Ambas naciones se encontraban entre las más ricas del mundo, aunque la divergencia de ingreso entre los países de Europa, Asia y América para los cuales se estimaron datos para esa fecha no era significativa. No obstante, por marcar algunas diferencias relativas, el respectivo ingreso de los Estados Unidos en 1500 era inferior, de unos 400 $, al igual que el del México del imperio azteca, de 425 $, los cuales representaban alrededor del 60% del ingreso de España y dos terceras partes del ingreso de China.  La Tabla que se presenta más abajo refleja el ingreso per cápita para las dos naciones desde 1500, para diferentes años hasta 1998, y el diferencial de ingreso entre ambas.

Ingreso per cápita de España y China desde 1500 hasta 1998 (años seleccionados) (en $ internacionales de 1990)

Año España China China/España
1500 698 600 0,86
1600 900 600 0,67
1700 900 600 0,67
1820 1.063 600 0,56
1870 1.376 530 0,39
1913 2.255 552 0,25
1950 2.397 439 0,18
1973 8.739 839 0,10
1998 14.227 3.117 0,22

Fuente: Elaboración propia con base en Maddison (2001, p. 264).

Estos datos históricos son reveladores de varios hechos puntuales. En primer lugar, el imperio español desaprovechó el auge de la llegada de grandes cantidades de oro y plata proveniente de sus colonias americanas durante el siglo XVI y hasta el XVIII, que le hubieran permitido establecer un tipo de economía que elevara sustancialmente su ingreso per cápita. Partiendo de 1500 y durante tres siglos –hasta 1820-, dicho ingreso apenas se incrementó en alrededor de 50%, a una tasa de crecimiento promedio de 0,1% anual. Por poner un contraste a esta “maldición de los recursos” española de tres siglos, otro país europeo y su rival comercial, Holanda, tenía un ingreso per cápita de 754 $ en 1500, bastante similar al ingreso español de la misma época, pero Holanda en 1700 había logrado alcanzar un ingreso per cápita de 2.110 $, equivalente a 2,3 veces el respectivo ingreso de la nación ibérica en el mismo periodo. De 1820 a 1913, prácticamente un siglo, el ingreso per cápita de España se dobló y un poco más, creciendo a una tasa promedio aún baja, de 0,9% anual. Desde 1913 y hasta 1973, finalmente el ingreso español aumentó apreciablemente, casi cuadruplicándose, creciendo a una tasa promedio de 2,3% anual. Desde 1973, un par de años antes de la transición hacia la democracia, el aumento del ingreso durante dos décadas y media provocaron que en 1998 fuera 1,6 veces superior al existente a inicios de los setenta, incrementándose a una tasa promedio de 2,0% anual.

En segundo lugar, el crecimiento económico de China se estancó completamente por espacio de tres siglos; cuando experimentó un cambio fue para reducirse hasta 530 $ hacia 1870. En la primera mitad del siglo XX el nivel de ingreso no mejoró mucho. En la segunda mitad, hasta por lo menos 1978, China tuvo un magro desempeño económico, gran hambruna incluida, especialmente desde finales de los años cincuenta, como resultado de la implementación de las medidas de política del “Gran Salto Adelante” promovidas por el presidente Mao Tse Tung. En conjunto, la tasa promedio de crecimiento durante el periodo 1913-1973 alcanzó un débil 0,7% anual. El efecto de dos décadas de alto crecimiento impulsadas por las reformas económicas desde 1978 impactó sustancialmente en el aumento del ingreso per cápita de China, que pasó de ser 1.067 $ en 1980 a representar 3.259 $ en 1999 (Maddison, 2002, p. 304). El ingreso se triplicó en 20 años, con un fuerte crecimiento promedio de 6,0% anual.

El tercer aspecto claramente observable es que la diferencia de ingreso per cápita entre España y China se fue ensanchando, siglo tras siglo, a partir de 1500. La brecha de ingresos entre los dos países llegó a significar que hacia 1973 el ingreso de China apenas representara alrededor del 10% del respectivo ingreso de España. A partir de las altas tasas de crecimiento que comienza a experimentar China desde las reformas económicas, la brecha de ingresos se reduce, sin embargo, aún en 1998 el ingreso de China solo representaba cerca de una quinta parte del ingreso de España. Dos décadas después de los datos aportados por Maddison y tomando cifras del Banco Mundial, el ingreso per cápita de España, medido en dólares estadounidenses –USD- a precios constantes del 2010, alcanzó en el 2018 el valor de 32.898 USD y el respectivo de China el valor de 7.753 USD. Esto significa que actualmente la brecha de ingresos se ha reducido un poco más y el ingreso de China representa aproximadamente una cuarta parte del ingreso de España.

En conclusión, los diferentes sistemas económicos que ha tenido España desde 1500 y hasta el presente, tomados en conjunto, con sus aciertos y errores, y considerando los diferentes regímenes políticos, han sido superiores, en términos de lograr un mayor crecimiento del ingreso per cápita, que los respectivos sistemas económicos, también en conjunto y con sus aciertos y errores, que ha tenido China, bajo diferentes regímenes políticos, en el mismo periodo. En otras palabras, en una muy amplia perspectiva histórica comparativa, que abarca cinco siglos, la economía española ha sido más exitosa, en términos del aumento del ingreso per cápita, que la economía China.

De cara al futuro, obviando la recesión económica global que se producirá este año 2020 –estimada por el Banco Mundial en un decrecimiento de 5,2% del PIB global en el escenario base-, si suponemos que en un horizonte de varias décadas el ingreso de España crece a una tasa promedio de 2,2% anual y el de China lo hace a una tasa de crecimiento promedio de 6,0% anual, a la nación asiática todavía le llevará cerca de cuatro décadas alcanzar a España en nivel de ingreso [3]. Por supuesto, esta proyección, más que una predicción, entra en el terreno de la especulación. Sin embargo, sí es muy probable que esta década que comienza sea crucial para observar la capacidad de reacción del sistema económico chino a shocks externos e internos, shocks que pondrán a prueba su eficacia y sostenibilidad. En este sentido, emulando la conseja del premier chino Zhou Enlai respecto a su juicio sobre la Revolución Francesa, pero desde una visión prospectiva, pienso que aún es muy pronto para predecir algunos acontecimientos.

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[1] Aunque la pobreza es un problema multidimensional, el indicador generalmente utilizado para señalar la salida de la pobreza de estos 700 millones de chinos es la línea de ingreso. Según lo establece un criterio técnico del Banco Mundial, para salir de la pobreza una persona debe superar un umbral de ingreso mínimo de 1,90 $ diario, si vive en un país de ingreso bajo; de 3,20 $ si habita en un país de ingreso mediano bajo; y de 5,5 $ si pertenece a una nación de ingreso mediano alto.

[2] Una limitación es que el ingreso per cápita por sí solo no dice nada acerca de cómo se distribuye ese ingreso en una sociedad cualquiera y esta distribución puede ser igualitaria o desigualitaria, incluso ser muy desigual. En este sentido, en un país con una distribución del ingreso muy desigual, un crecimiento económico que eleva el nivel de ingreso per cápita no necesariamente beneficiará a los que reciben menos ingresos, los pobres, y puede convertirse en un factor que ensanche la brecha de ingresos entre ricos y pobres.

[3] Al proceso por el cual un país en desarrollo logra alcanzar el nivel de ingreso per cápita que tiene un país desarrollado se le denomina “convergencia”, al respecto véase el artículo de Robert Barro y Xavier Sala-i-Martin Convergence, en Journal of Political Economy, 1992. Vol. 100, N° 2. Para un análisis de este fenómeno desde la perspectiva de los países latinoamericanos véase mi artículo  Convergencia Económica: una aproximación al caso de América Latina, en Compendium, 2002. Año 5, N° 9.

icovarr@ucla.edu.ve

@iscovarrubias

 

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MARXISTAS, DUFLIANOS Y EL PROBLEMA DE LA POBREZA Y LA DESIGUALDAD

Dedicado a mi apreciado amigo y colega costarricense Raudin Meléndez

Imaginémonos que se organiza un congreso internacional para debatir sobre la pobreza y la desigualdad, sus causas, consecuencias y los remedios de política necesarios para erradicar una o reducir la otra. Intervienen un marxista y un dufliano o una dufliana. Lo de marxista seguro le suena conocido, pero lo de dufliano o dufliana no. El segundo se trata de un o una economista o científico social que sigue y practica las ideas alrededor de las investigaciones que se basan en experimentos de campo aleatorios controlados, utilizados para analizar la pobreza y aplicar soluciones puntuales. Son los métodos empleados por los Premio Nobel de Economía de 2019: Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer. Se corresponde con un enfoque que recalca que la pobreza es un fenómeno multidimensional y complejo en cualquier contexto socioeconómico y en cualquier lugar del mundo donde se presente. De ello se deriva que el método adecuado para el análisis y para la aplicación de políticas orientadas a erradicar la pobreza tiene que ser multidisciplinario, firmemente arraigado en la experimentación, la evidencia empírica y en los resultados [1].

En su intervención, el marxista dirá que existen pobres para que pueda haber ricos. La “ley de la plusvalía” demuestra siempre y en todo momento que el empresario capitalista explota al trabajador. Este se ve obligado a vender su fuerza de trabajo por un salario que es una ínfima parte del valor que socialmente produce, lo equivalente al salario necesario para subsistir, mientras el capitalista, propietario de los medios de producción, se queda con todo el valor restante, con la plusvalía. La consecuencia es innumerables trabajadores empobrecidos, paupérrimos, explotados por un grupo de capitalistas ricos, en unas condiciones de desigualdad económica y social permanentes. Pero aún hay más, los propios capitalistas lucharán entre sí por concentrar el capital y, como consecuencia de ello, al final habrá unos que lo perderán y otros que concentrarán todo el capital en sus manos. Los grandes capitalistas se asegurarán que el sistema político y jurídico cohoneste sus decisiones y acciones siempre a su favor para mantener el statu quo. En este estado de cosas, la pobreza y la desigualdad sólo desparecerán si se elimina la propiedad privada de los medios de producción, la fuente de donde surge la plusvalía. La socialización de los medios de producción es la única vía que asegura una sociedad justa y equitativa. Y el marxista dirá que la única manera de lograr eso es hacer una “revolución”, una donde la clase trabajadora se organice y junto con sus líderes tomen el poder.

Ahora interviene un dufliano. Comienza señalando que hasta donde alcanzan los estudios teóricos y sobre todo empíricos, la pobreza es un problema multidimensional y complejo, del cual incluso pueden formar parte unas condiciones de explotación como las denunciadas por los marxistas y las consecuencias ser las mismas: una pobreza generalizada y una desigualdad rampante. Pero los estudios empíricos y los experimentos de campo aleatorios han demostrado que para erradicar la pobreza y disminuir la desigualdad no se requiere necesariamente hacer una revolución, una que podría tener consecuencias impredecibles y no remediar para nada estos problemas e incluso empeorarlos. Lo que por lo menos se sabe con estos experimentos, que incorporan a una serie de disciplinas como la estadística, la educación, la medicina, la sociología y la economía del comportamiento, es que los pobres no son los débiles mentales con los que a menudo se estigmatiza su condición, solo pendientes de dádivas, ayudas y subsidios otorgados por gobiernos que los manipulan políticamente. Si bien es cierto que los pobres están frecuentemente desprotegidos socialmente, son muy vulnerables a las contingencias económicas y confrontan severas restricciones en sus decisiones, también es cierto que son capaces de comportarse con criterios de racionalidad económica y de responder correctamente a los incentivos que tienen o aspiran tener, especialmente los incentivos que suponen dotarlos de las capacidades, habilidades y oportunidades que les permitan escapar, por sí mismos, de la trampa de la pobreza [2].

Se ha demostrado a través de experimentos y evidencia empírica que muchos pobres ponderan correctamente el contexto económico que se les presenta, responden racionalmente a los incentivos e intuyen la mejor manera de sacar el mayor provecho –de maximizar- su particular dotación de recursos, por escasos que estos sean. Por ejemplo, en un experimento realizado en una aldea africana donde se asignaron unos ingresos a unas abuelas y unos abuelos al cuidado de sus nietos se reveló que, en promedio, las abuelas destinaban más dinero de esos ingresos para la atención de necesidades -alimentación, salud, educación-, de sus nietos que el respectivo destinado por los abuelos. El experimento también mostró que en dicha distribución las abuelas tenían “preferencias reveladas” hacia la asignación de una mayor cantidad del dinero para sus nietas que el respectivo para sus nietos. La razón es que siendo ellas mismas mujeres, son conscientes de las restricciones de oportunidades que por discriminación de género enfrentan sus nietas. Desde esta perspectiva, para combatir la pobreza en esa aldea resulta más efectiva una política basada en la asignación de recursos monetarios y no monetarios en mayor cantidad a las abuelas que a los abuelos. No obstante, la posibilidad de replicar el experimento con idénticos resultados en otra aldea no es necesariamente factible, pues a menudo las condiciones cambian, incluso si los habitantes de las dos aldeas son muy similares en situación socioeconómica y otras características. Con cada situación de pobreza hay que experimentar para llegar a las conclusiones que orienten hacia las políticas verdaderamente efectivas.

El tipo de remedio de política para combatir la pobreza y la desigualdad mediante este enfoque dufliano resulta disruptivo de la manera como se ha tratado tradicionalmente durante décadas el problema de la pobreza alrededor del mundo, basado sobre todo en la ayuda internacional, sin resultados realmente eficaces, apenas prometedores [3]. El relativamente novedoso enfoque dufliano sí ha dado muestras de resultar efectivo, en la medida que se basa en evidencia empírica y en la creencia de que los pobres también buscan maximizar el beneficio que pueden obtener de una determinada dotación de recursos y responden a los incentivos existentes. No es cierto entonces que solo con una revolución como la exigida por los marxistas se puede eliminar o reducir la pobreza, mucho menos una que a lo sumo los saca solo por un tiempo de la pobreza para después regresarlos a ésta hasta en peores condiciones, como ha ocurrido dramáticamente con cierta revolución de cierto país suramericano [4].

Se pueden extraer un par de conclusiones de esta hipotética discusión entre marxistas y duflianos sobre la pobreza, la desigualdad y las maneras de combatirla. La primera es que la verdadera relevancia de una política pública no está en la ideología que la acompaña ni en las buenas intenciones que puedan tener los gobernantes o autoridades que las instrumentan. El verdadero valor de una política pública se debe medir siempre en relación con su eficacia. La segunda es que en la medida que experimentan y utilizan enfoques multidimensionales y multidisciplinarios para el análisis de la pobreza, los duflianos tienen unas prácticas más proactivas que las utilizadas al respecto por los marxistas. De estas prácticas se comienzan a obtener resultados más efectivos en el combate contra la pobreza y la desigualdad que de los deseos utópicos y acciones revolucionarias invocados por los marxistas para los mismos problemas.

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[1] En el libro Repensar la pobreza (Taurus, 2011) de Abhijit Banerjee y Esther Duflo, se pone a punto los novedosos enfoques, procedimientos y políticas alternativas disruptivas que ellos proponen para combatir la pobreza global.

[2] El enfoque de las capacidades es un poderoso enfoque de economía del bienestar y del desarrollo, teorizado y evaluado, entre otros, por el Premio Nobel de Economía Amartya Sen y por la filósofa estadounidense Martha Nussbaum. Al respecto véase de Sen su libro Desarrollo y Libertad (Planeta, 2000) y de Nussbaum Crear Capacidades. Propuesta para el Desarrollo Humano (Paidós, 2012).

[3] En el libro El fin de la pobreza (Debate, 2005) del economista Jeffrey Sachs, la propuesta para derrotar la pobreza se enfoca en proponer el aumento de la ayuda internacional dirigida a los pobres, una tesis que ha recibido muchas críticas por percibirse inefectiva o como mínimo de muy bajo impacto.

[4] Para entender lo de los pobres que dejaron de serlo por un rato en la Venezuela del socialismo del siglo XXI se puede leer la entrada en mi blog: COCOON Y EL CURIOSO CASO DE LOS POBRES EN VENEZUELA QUE VOLVIERON A SERLO.

icovarr@ucla.edu.ve

@iscovarrubias

 

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