LA RIQUEZA DE JEFF BEZOS Y LA ECONOMÍA VENEZOLANA REVISITADAS

En enero de 2019 escribí en este blog un análisis comparativo entre la riqueza de Jeff Bezos, el principal propietario de Amazon, y la economía venezolana [1]. Decía allí que resultaba por lo menos curioso que si la riqueza de Bezos se consideraba como el PIB de un país, Bezos tenía entonces un PIB que era un poco mayor al PIB respectivo de Venezuela en ese momento. Como se ha revelado por estos días, la riqueza de Bezos ha aumentado espectacularmente en este problemático 2020, en medio de la crisis del Covid-19, mientras que la economía venezolana sigue en caída libre hacia un abismo que parece no tener fondo. Actualmente la riqueza de Bezos, de 170-180.000 millones de dólares, representa aproximadamente dos veces y medio el tamaño de la economía venezolana. Sin duda que la paradoja entre ambas situaciones se ha hecho más llamativa porque, visto en una retrospectiva de digamos 10 años atrás, probablemente muy pocos analistas, por no decir ninguno, habría apostado por la ocurrencia de estos hechos: el éxito económico casi incomparable de Bezos y el colapso económico, también prácticamente sin parangón, de Venezuela.

Aunque las explicaciones de cómo y por qué ocurrieron ambos sucesos son relevantes, las dejo a un lado para enfocarme en dos aspectos que me interesa destacar. El primero de ellos se refiere a lo variables e inciertos que resultan los pronósticos económicos. Se sabe que a los analistas, a menudo autonombrados “expertos”, a los empresarios, los políticos, les gusta hacer pronósticos y muchas reputaciones profesionales se basan en parte en la capacidad de acertar sobre eventos por ocurrir, incluso se dice que algún evento puede cumplirse solo porque algún experto, empresario o político prominente simplemente lo mencionan, la denominada “profecía autocumplida”. Y es que la capacidad de otear el futuro en el horizonte, de proyectarlo, es una habilidad de la especie humana arraigada en sus genes desde su origen, un rasgo cognitivo que es clave, como lo han demostrado estudios sobre el tema, para nuestra sobrevivencia y la toma de decisiones. Lo que sí ha cambiado marcadamente a lo largo de la historia son los métodos para hacer pronósticos. Sabido es que en la antigüedad se recurría a preguntar a misteriosos oráculos, mirar los astros o auscultar las vísceras de algún animal, ahora los métodos de pronóstico se sirven de sofisticados modelos matemáticos y estadísticos y de herramientas digitales como los algoritmos y la Big Data. No obstante estos adelantos, por lo menos en el ámbito de los pronósticos económicos se falla mucho e incluso cuando se acierta puede ser por razones no necesariamente inherentes al modelo predictivo utilizado.

Al respecto de lo anterior, en una entrada en este blog escrita en agosto del 2019 señalaba que en el mundo económico y financiero la Yield Curve, un indicador del rendimiento en el tiempo de los bonos soberanos, se ha tomado en la última década como un buen pronosticador de la ocurrencia de una próxima recesión económica en Estados Unidos cuando se invierte dicha curva por espacio de varios meses [2]. Curiosamente, el impacto de la epidemia del Covid-19 en este 2020 ha provocado una recesión que también puede ser atribuible al fenómeno registrado en 2019 de una Yield Curve invertida. Aunque se trata de dos sucesos independientes el uno del otro, el punto llamativo es que la complejidad e incertidumbre que rodea a los eventos económicos y financieros bien pudiera hacer aparecer un pronóstico acertado como una relación de causalidad cuando es simplemente una casualidad.

El segundo aspecto que quiero destacar es una somera descripción de la singularidad detrás de la sorprendente inmensa riqueza acumulada por Jeff Bezos, por una parte, y el dramático colapso económico de Venezuela, por otra. El incremento de la riqueza de Bezos se debe en buena medida al extraordinario comportamiento de las acciones de Amazon, especialmente en la última década y muy particularmente en este 2020, pues en medio de la crisis económica desatada por el Covid-19, las acciones de Amazon se han revalorizado solo este año en un 68%. En una retrospectiva de 10 años, una acción de Amazon valorada el 09 de julio de 2010 en 117,36 $, alcanzó el 09 de julio de 2020 un valor de 3.182,63 $. Pero no solo Bezos se ha beneficiado enormemente con el aumento de las acciones de su compañía, si tomamos a un pequeño inversionista que hubiera comprado hace 10 años cien acciones de Amazon, habría obtenido un rendimiento real de 37% anual, descontando la tasa de inflación promedio estadounidense de 1,6% anual desde 2010 y lo que va de 2020. Habiendo conservado las cien acciones, por las cuales invirtió 11.736 $, habría obtenido mediante su venta en la actualidad 318.263 $, multiplicando el capital invertido 27 veces.

En cuanto al colapso de la economía venezolana este es, de lejos, el más agudo y durable que haya sufrido cualquier país latinoamericano en su historia reciente. Es un hecho de una singularidad que resulta casi inexplicable si lo miramos con el lente de las relativas fortalezas en exportación de petróleo, calidad de recursos humanos, infraestructura de servicios y telecomunicaciones que exhibía la economía venezolana hace 10 años atrás. Y no solo se trata de la reducción a menos de la mitad del PIB real en apenas seis años: 2014-2020, del derrumbe de la producción petrolera o del aumento de los precios a tasas hiperinflacionarias, también se refiere a datos socioeconómicos que dejan sin aliento por su gravedad. Al respecto, los datos que acaba de suministrar el proyecto ENCOVI 2019-2020 revelan que 95 de cada 100 hogares venezolanos son pobres desde el punto de vista del ingreso; alrededor del 80% de la población no tiene cómo cubrir la canasta de alimentos; 70% de los hogares reportan inseguridad alimentaria grave o moderada; 30% de los niños registran desnutrición crónica; 44% de las personas con edad de trabajar está inactiva y la población total se ha reducido de 32 a 28 millones como efecto de la migración [3].

Una conclusión subyacente a lo presentado es que nada de lo dicho supone que los sofisticados modelos de pronóstico económico no sean útiles, pero a menudo su utilidad radica en que dejan al descubierto variables explicativas que no se visualizaron o no se tomaron en cuenta y terminaron siendo muy influyentes en la orientación o trayectoria que tomó el acontecimiento económico que se intentó pronosticar. Es decir, algunas veces estos modelos son más pertinentes en cuanto a lo que no revelan que respecto a lo revelado y pronosticado. Por lo demás, se tiende a tomar la mera elegancia matemática del modelo como una característica más importante que su capacidad predictiva, algo que sucede y se privilegia especialmente dentro del mainstream economics. Estas reflexiones sobre las paradojas que pueden encerrar algunos sucesos económicos y sus pronósticos de ocurrencia, no hacen sino respaldar una visión que nos mueve a ser menos arrogantes en cuanto a lo que sabemos y podemos proyectar del futuro, mucho más si la lección contra nuestra arrogancia proviene de la particular tragedia económica y social que hoy exhibe nuestra propia nación.

­­­­­­­­­_______________

[1] Esa entrada se publicó el 29 de enero de 2019 y se llama LA RIQUEZA DE JEFF BEZOS Y EL PIB DE VENEZUELA (APUNTES PARA LA RECONSTRUCCIÓN I).

[2] Este análisis se encuentra en la entrada de este blog llamada YIELD CURVE Y EL FALSACIONISMO DE POPPER, publicada el 20 de agosto de 2019.

[3] El proyecto Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la población venezolana (ENCOVI) es realizado por investigadores de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Universidad Simón Bolívar (USB) y Universidad Central de Venezuela (UCV). Los datos referidos corresponden al informe ENCOVI 2019-2020.

 

Publicado en Sin categoría | Comentarios desactivados en LA RIQUEZA DE JEFF BEZOS Y LA ECONOMÍA VENEZOLANA REVISITADAS

ASDRÚBAL BAPTISTA IN MEMORIAM

El jueves 25 de junio de este 2020 falleció el insigne economista venezolano Asdrúbal Baptista Troconis, profesor de la Universidad de Los Andes (ULA), del Instituto de Estudios Superiores en Administración (IESA) y académico visitante de las universidades de Oxford, Cambridge y Harvard, Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE). Los talentos que adornaban la capacidad intelectual del profesor Baptista lo acercaban a lo señalado por el gran economista del Siglo XX, John Maynard Keynes, para quien un economista debe ser, en algún grado, matemático, historiador, estadista y filósofo, debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Y el profesor Baptista compendiaba estas capacidades en su desempeño como investigador de gran trayectoria, en su afán de adquirir las herramientas necesarias para comprender mejor la ciencia económica y en especial su motivación por comprender la economía venezolana y aportar ideas para su desarrollo.

Es por esta razón que la mayoría de sus estudios se basan y referencian sobre una perspectiva histórica comparativa, dándoles una visión comprehensiva y consistente al análisis tratado, de manera que las explicaciones se sustentan en la narrativa de un proceso que se va hilvanando de forma coherente con las hipótesis y argumentos planteados. El artículo Más allá del optimismo y del pesimismo: las transformaciones fundamentales del país, en el libro El caso Venezuela. Una ilusión de armonía (Ediciones IESA, 1984), constituye una muestra de esa forma suya de exponer e interpretar de manera precisa y clara datos, hechos y el proceso económico. Este artículo analiza lo que ya eran para ese momento un poco más de sesenta años de la llegada del petróleo a la economía venezolana, más específicamente, la llegada de un ingreso petrolero sustancial en forma de renta. Allí se describen los grandes progresos materiales de la sociedad venezolana en ese periodo, pero también se advierte de los desbalances económicos que la renta petrolera estaba generando. En particular, a diferencia de otros procesos históricos de crecimiento económico, el venezolano se había caracterizado por un rezago en el incremento de la productividad, en otras palabras, el elevado dinamismo del crecimiento del producto agregado no ocurre a la par del crecimiento de la productividad manufacturera, que es la tomada como referencia. Por su parte, nuestro crecimiento tampoco sucede según otro rasgo resaltante en otros países, como lo es que la participación de los salarios en el ingreso total aumenta frente a la participación de los beneficios. A pesar del incremento experimentado por el salario real durante ese periodo, la distribución del ingreso se estaba convirtiendo en una rémora para el crecimiento económico.

Ambos desequilibrios tienen profundas implicaciones, resumidas estas en que el relevante crecimiento de la dotación de factores para la producción, vale decir, la tasa de inversión, la acumulación de capital, no es acompañado por un crecimiento similar del mercado interno. Esto genera un desequilibrio fundamental, como lo es que la oferta potencial no encuentra respuesta en la demanda efectiva interna. Y la salida de orientar la oferta potencial en la dirección de que el producto sea demandado por el más amplio y fuerte mercado externo, encuentra serias limitaciones por la sempiterna política económica de mantener sobrevaluado el tipo de cambio. Estas restricciones para el crecimiento económico llevaron al profesor Baptista a pensar en un problema mayor, relacionado con lo que pasaría una vez el ingreso petrolero disminuyera significativamente. Y la indagación lo llevó inexorablemente a plantear que la economía venezolana terminaría estancándose si no se transformaba. Una premonición que, aunque ya se asomaba al momento de publicar el artículo, sería aproximadamente treinta años después que se cumpliría del todo.

De estos desequilibrios trata uno de los mayores aportes del profesor Baptista a la comprensión de la economía venezolana, como lo es el modelo teórico y empírico del capitalismo rentístico. Este modelo está expuesto de manera comprehensiva en su libro Teoría Económica del Capitalismo Rentístico. Economía, petróleo y renta (Ediciones IESA, 1997). El capitalismo rentístico tiene tres características básicas que lo hacen distintivo. En primer lugar, se trata de una de las varias formas o modalidades que adquiere el capitalismo. En segundo término, esta singularizado por un contexto nacional favorecido de manera sustancial y sostenida por unas condiciones particulares de la renta internacional de la tierra (en nuestro caso la renta del petróleo). Tercero, dado que la renta es obtenida en primera instancia por el Estado propietario, la manera como se distribuye dicha renta en el cuerpo de la economía y de la sociedad tiene importantes efectos para el crecimiento y el desarrollo económico del país en cuestión. La consecuencia final de estos rasgos característicos para el caso del capitalismo rentístico venezolano es que este se hace inviable, conllevan a su colapso, incluso, como lo señala agudamente: “Antes bien, y ésa es una importante paradoja por considerar, dicho colapso puede ocurrir, y de hecho así sucedió, en el medio del auge de los ingresos provenientes de la renta. El colapso ocurre, en breve, no cuando la renta merma y desaparece, sino justamente en el caso contrario.” (p. 157). [1].

Una de sus grandes preocupaciones siempre fue el poder contar con datos para el análisis económico que fuesen consistentes y coherentes. En este sentido, contribuyó con sus investigaciones para hacer la importante distinción entre el  PIB  y la renta petrolera, dicho de otra forma, entre el PIB rentístico y el PIB no rentístico de la economía venezolana. Esta divisoria transparentó que el tamaño de la renta petrolera, ajena a la capacidad y al potencial productivo del país, era bastante significativo con relación al tamaño de la economía y de allí su enorme influencia, colándose por todos los intersticios de la estructura económica, se tratara de la producción industrial de otros bienes diferentes al petróleo, el consumo de bienes y servicios nacionales e internacionales, la inversión pública y privada, la determinación de los salarios reales, del tipo de cambio o de la tasa de productividad. La necesidad de establecer un alto estándar para las estadísticas económicas nacionales que reflejaran esta distinción, lo llevó a publicar un trabajo que las condensa con el nombre de Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana 1830-1995 (Fundación Polar, 1997). Con posterioridad a esta primera edición se publicaron otras similares para agregar periodos. Un resumen de este exigente trabajo, donde el profesor Baptista vuelve a destacar la importancia de las afinación de las estadísticas y de los métodos cuantitativos para medir y explicar la economía venezolana, se publicó en el artículo Un buen número = una buena palabra, en el libro Venezuela Siglo XX, Visiones y Testimonios (Fundación Polar, 2000). Un trabajo donde se expone fidedignamente la realidad económica del siglo XX venezolano apelando a datos que la reflejan tan bien y de forma tan clara como lo puede expresar un enjundioso tratado.

El rigor con el que el profesor Baptista encaraba el análisis del capitalismo lo llevó a escribir interesantes estudios sobre este. En particular escribió una obra muy breve pero significativa donde expone algunas ideas al respecto, agregando una corta reflexión sobre la singularidad de la acumulación originaria del capital en Venezuela. Se llama La sociedad capitalista ¿hacia su estadio final? (ANCE, 2007). En esta obra describe el desarrollo capitalista como el proceso histórico que ha sido, es, y representa en su potencial de expansión, sustentado en las relaciones sociales siempre dialécticas que oponen al capital y al trabajo, permeabilizados por las relaciones de poder y de regulación que se manifiestan en las acciones y en las políticas de cualquier Estado soberano. Al respecto de ello comenta: “El logro del Estado nacional en el seno de la economía nacional, amortiguando los costos del progreso capitalista, no es más que una reliquia.” (p. 21). En otras palabras, la expansión mundial del capital, el capitalismo global, exige unas relaciones de poder donde los Estados nacionales quedan desdibujados en sus funciones y acciones, por lo cual se vislumbran unas relaciones sociales capitalistas de un nuevo orden, sui generis. Si bien alineado aún con el proceso histórico del cual emergió hace cinco siglos, el capitalismo global está impregnado de un matiz incierto en cuanto al rol que jugará una indefinida política mundial, acentuada esta incertidumbre por el retraso en la incorporación en el nuevo orden de la exigida mundialización de la fuerza de trabajo [2].

La singularidad de la acumulación originaria del capital en Venezuela destaca por ser diferente al proceso histórico, a menudo violento y no exento de contradicciones, que la engendró en otras latitudes. Una suerte de anomalía histórica vino a ocupar el lugar de ese proceso. Y esta anomalía no se expresa de otra manera que en “…la certidumbre de que el petróleo pagó por el precio social de la acumulación originaria, y al decir petróleo debo especificar que se trata de la renta internacional a la que da derecho.” (p. 24). Las implicaciones económicas de esta singularidad se exponen, como se señaló, en su riguroso estudio de las limitaciones y posibilidades del capitalismo rentístico venezolano.

Este muy breve e incompleto recorrido por sus aportes intelectuales y académicos, pues no cubren sino una pequeña parte de lo que puede expresarse al respecto, sirven, no obstante, para rescatar el provecho que muchos de nosotros hemos sustraído de la experiencia de vivir en un tiempo contemporáneo al desarrollo de sus investigaciones, especialmente las dedicadas al análisis de la economía venezolana. También estas notas sobre su amplia obra dan fe de su amor y entrega generosa por su profesión y su país. Para mí es un orgullo haberlo tenido de maestro, estudiarlo y haberlo acompañado como conferencista. Pienso que ante su partida física los economistas venezolanos tenemos una gran responsabilidad, no solo por el momento crítico que vivimos, sino también porque el legado que dejan académicos a carta cabal como él lo era así nos lo impone. Es un deber y una necesidad imperiosa seguir analizando, investigando, en un campo donde está en juego nada más y nada menos que el bienestar en el presente y en el futuro de la gran mayoría de nuestros compatriotas. Ojalá estemos a la altura del compromiso, como siempre lo estuvo el profesor Asdrúbal Baptista.

_________

[1] El análisis clásico de la renta de la tierra, el ingreso recibido por el terrateniente en su condición de propietario, corresponde a Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx. No obstante, tal análisis y sus implicaciones no han quedado circunscritos al usufructo y explotación de la tierra de los siglos XVIII y XIX, pues también se ha enfocado en cualquier recurso natural cuyo propietario obtenga un valor de explotación, una renta, por tener esa condición. Un análisis más amplio del capitalismo rentístico, sus causas y consecuencias, lo articulé en cuatro entradas de este blog La Economía sí tiene quien le escriba con el nombre de Desbalances de la economía venezolana, publicadas entre febrero y julio de 2015.

[2] No se le escapa al profesor Baptista que las relaciones capital-trabajo en el escenario del capitalismo mundial no solo serán demarcadas por el rol que juega y jugarán los cada vez menos influyentes Estados nacionales, sino también, y de manera incluso más relevante, por el papel que desempeña y desempeñará la ciencia, y mucho más su derivado práctico: la tecnología, en el modelado de las relaciones sociales de producción globalizadas.

 

Publicado en Sin categoría | Comentarios desactivados en ASDRÚBAL BAPTISTA IN MEMORIAM

EL CRECIMIENTO ECONÓMICO DE ESPAÑA Y DE CHINA EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA COMPARATIVA

Una anécdota diplomática, ocurrida durante el histórico viaje de Richard Nixon a China, en febrero de 1972, cuenta que en una conversación entre el primer ministro Zhou Enlai y el Secretario de Estado Henry Kissinger, preguntado el premier chino acerca de su opinión sobre la Revolución Francesa respondió que aún era demasiado pronto para juzgar esos acontecimientos. Casi dos siglos después de haber ocurrido, para el líder chino el balance del éxito o fracaso de la Revolución Francesa aún estaba, en perspectiva histórica, lejos de dilucidarse. He recordado esta anécdota porque algunos economistas y sociólogos consideran que el sistema económico de China en las últimas cuatro décadas, iniciado con las reformas implementadas por el primer ministro Den Xiaoping en 1978, es el más exitoso y continuará siéndolo por mucho tiempo. Esta postura se apoya en el hecho incontrovertible de que el crecimiento económico de China ha sido espectacular y muy eficaz para sacar de la pobreza, según algunas estimaciones, a cerca de 700 millones de sus ciudadanos [1]. Mi propia postura es que el sistema económico chino, habiendo sido eficaz, no necesariamente se puede replicar en otro país en desarrollo en el escenario global actual y probablemente menos en el futuro.

Teniendo en cuenta estas opiniones propias y ajenas sobre la economía China, se me ocurrió idear un ejercicio cuantitativo ¿Por qué no medir el éxito económico de China en términos del aumento de su ingreso per cápita comparándolo con otro país desde una perspectiva histórica que sea lo más amplia posible? Entonces recordé el enjundioso análisis  que hace el historiador económico Angus Maddison en The World Economy. A Millennial Perspective (OECD, 2001), el cual trae, entre otros datos, la población, el PIB y PIB per cápita de naciones y regiones del mundo desde el año 1000 hasta finalizando el siglo XX. Dado que el imperio chino y el imperio español tenían hacia 1500 un ingreso per cápita más o menos similar, la posibilidad de hacer esta comparativa estaba servida. El propósito de esta comparación, con sus obvias limitaciones, es mostrar que un análisis del crecimiento económico desde una perspectiva histórica amplia, puede mostrar un panorama hasta cierto punto diferente de las narrativas de éxito y fracaso económico de los países [2]. Si este análisis tiene algún valor, dejo esa opinión a juicio del lector.

Según el estudio de Maddison, en el año 1500 el imperio chino y el imperio español tenían un ingreso per cápita –medido en dólares internacionales de 1990- bastante similar, de 698 $ para España y de 600 $ para el caso de China. Ambas naciones se encontraban entre las más ricas del mundo, aunque la divergencia de ingreso entre los países de Europa, Asia y América para los cuales se estimaron datos para esa fecha no era significativa. No obstante, por marcar algunas diferencias relativas, el respectivo ingreso de los Estados Unidos en 1500 era inferior, de unos 400 $, al igual que el del México del imperio azteca, de 425 $, los cuales representaban alrededor del 60% del ingreso de España y dos terceras partes del ingreso de China.  La Tabla que se presenta más abajo refleja el ingreso per cápita para las dos naciones desde 1500, para diferentes años hasta 1998, y el diferencial de ingreso entre ambas.

Ingreso per cápita de España y China desde 1500 hasta 1998 (años seleccionados) (en $ internacionales de 1990)

Año España China China/España
1500 698 600 0,86
1600 900 600 0,67
1700 900 600 0,67
1820 1.063 600 0,56
1870 1.376 530 0,39
1913 2.255 552 0,25
1950 2.397 439 0,18
1973 8.739 839 0,10
1998 14.227 3.117 0,22

Fuente: Elaboración propia con base en Maddison (2001, p. 264).

Estos datos históricos son reveladores de varios hechos puntuales. En primer lugar, el imperio español desaprovechó el auge de la llegada de grandes cantidades de oro y plata proveniente de sus colonias americanas durante el siglo XVI y hasta el XVIII, que le hubieran permitido establecer un tipo de economía que elevara sustancialmente su ingreso per cápita. Partiendo de 1500 y durante tres siglos –hasta 1820-, dicho ingreso apenas se incrementó en alrededor de 50%, a una tasa de crecimiento promedio de 0,1% anual. Por poner un contraste a esta “maldición de los recursos” española de tres siglos, otro país europeo y su rival comercial, Holanda, tenía un ingreso per cápita de 754 $ en 1500, bastante similar al ingreso español de la misma época, pero Holanda en 1700 había logrado alcanzar un ingreso per cápita de 2.110 $, equivalente a 2,3 veces el respectivo ingreso de la nación ibérica en el mismo periodo. De 1820 a 1913, prácticamente un siglo, el ingreso per cápita de España se dobló y un poco más, creciendo a una tasa promedio aún baja, de 0,9% anual. Desde 1913 y hasta 1973, finalmente el ingreso español aumentó apreciablemente, casi cuadruplicándose, creciendo a una tasa promedio de 2,3% anual. Desde 1973, un par de años antes de la transición hacia la democracia, el aumento del ingreso durante dos décadas y media provocaron que en 1998 fuera 1,6 veces superior al existente a inicios de los setenta, incrementándose a una tasa promedio de 2,0% anual.

En segundo lugar, el crecimiento económico de China se estancó completamente por espacio de tres siglos; cuando experimentó un cambio fue para reducirse hasta 530 $ hacia 1870. En la primera mitad del siglo XX el nivel de ingreso no mejoró mucho. En la segunda mitad, hasta por lo menos 1978, China tuvo un magro desempeño económico, gran hambruna incluida, especialmente desde finales de los años cincuenta, como resultado de la implementación de las medidas de política del “Gran Salto Adelante” promovidas por el presidente Mao Tse Tung. En conjunto, la tasa promedio de crecimiento durante el periodo 1913-1973 alcanzó un débil 0,7% anual. El efecto de dos décadas de alto crecimiento impulsadas por las reformas económicas desde 1978 impactó sustancialmente en el aumento del ingreso per cápita de China, que pasó de ser 1.067 $ en 1980 a representar 3.259 $ en 1999 (Maddison, 2002, p. 304). El ingreso se triplicó en 20 años, con un fuerte crecimiento promedio de 6,0% anual.

El tercer aspecto claramente observable es que la diferencia de ingreso per cápita entre España y China se fue ensanchando, siglo tras siglo, a partir de 1500. La brecha de ingresos entre los dos países llegó a significar que hacia 1973 el ingreso de China apenas representara alrededor del 10% del respectivo ingreso de España. A partir de las altas tasas de crecimiento que comienza a experimentar China desde las reformas económicas, la brecha de ingresos se reduce, sin embargo, aún en 1998 el ingreso de China solo representaba cerca de una quinta parte del ingreso de España. Dos décadas después de los datos aportados por Maddison y tomando cifras del Banco Mundial, el ingreso per cápita de España, medido en dólares estadounidenses –USD- a precios constantes del 2010, alcanzó en el 2018 el valor de 32.898 USD y el respectivo de China el valor de 7.753 USD. Esto significa que actualmente la brecha de ingresos se ha reducido un poco más y el ingreso de China representa aproximadamente una cuarta parte del ingreso de España.

En conclusión, los diferentes sistemas económicos que ha tenido España desde 1500 y hasta el presente, tomados en conjunto, con sus aciertos y errores, y considerando los diferentes regímenes políticos, han sido superiores, en términos de lograr un mayor crecimiento del ingreso per cápita, que los respectivos sistemas económicos, también en conjunto y con sus aciertos y errores, que ha tenido China, bajo diferentes regímenes políticos, en el mismo periodo. En otras palabras, en una muy amplia perspectiva histórica comparativa, que abarca cinco siglos, la economía española ha sido más exitosa, en términos del aumento del ingreso per cápita, que la economía China.

De cara al futuro, obviando la recesión económica global que se producirá este año 2020 –estimada por el Banco Mundial en un decrecimiento de 5,2% del PIB global en el escenario base-, si suponemos que en un horizonte de varias décadas el ingreso de España crece a una tasa promedio de 2,2% anual y el de China lo hace a una tasa de crecimiento promedio de 6,0% anual, a la nación asiática todavía le llevará cerca de cuatro décadas alcanzar a España en nivel de ingreso [3]. Por supuesto, esta proyección, más que una predicción, entra en el terreno de la especulación. Sin embargo, sí es muy probable que esta década que comienza sea crucial para observar la capacidad de reacción del sistema económico chino a shocks externos e internos, shocks que pondrán a prueba su eficacia y sostenibilidad. En este sentido, emulando la conseja del premier chino Zhou Enlai respecto a su juicio sobre la Revolución Francesa, pero desde una visión prospectiva, pienso que aún es muy pronto para predecir algunos acontecimientos.

____________

[1] Aunque la pobreza es un problema multidimensional, el indicador generalmente utilizado para señalar la salida de la pobreza de estos 700 millones de chinos es la línea de ingreso. Según lo establece un criterio técnico del Banco Mundial, para salir de la pobreza una persona debe superar un umbral de ingreso mínimo de 1,90 $ diario, si vive en un país de ingreso bajo; de 3,20 $ si habita en un país de ingreso mediano bajo; y de 5,5 $ si pertenece a una nación de ingreso mediano alto.

[2] Una limitación es que el ingreso per cápita por sí solo no dice nada acerca de cómo se distribuye ese ingreso en una sociedad cualquiera y esta distribución puede ser igualitaria o desigualitaria, incluso ser muy desigual. En este sentido, en un país con una distribución del ingreso muy desigual, un crecimiento económico que eleva el nivel de ingreso per cápita no necesariamente beneficiará a los que reciben menos ingresos, los pobres, y puede convertirse en un factor que ensanche la brecha de ingresos entre ricos y pobres.

[3] Al proceso por el cual un país en desarrollo logra alcanzar el nivel de ingreso per cápita que tiene un país desarrollado se le denomina “convergencia”, al respecto véase el artículo de Robert Barro y Xavier Sala-i-Martin Convergence, en Journal of Political Economy, 1992. Vol. 100, N° 2. Para un análisis de este fenómeno desde la perspectiva de los países latinoamericanos véase mi artículo  Convergencia Económica: una aproximación al caso de América Latina, en Compendium, 2002. Año 5, N° 9.

icovarr@ucla.edu.ve

@iscovarrubias

 

Publicado en Sin categoría | Comentarios desactivados en EL CRECIMIENTO ECONÓMICO DE ESPAÑA Y DE CHINA EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA COMPARATIVA